domingo, 27 de febrero de 2011

Un oasis en el desierto

Eran unas vacaciones largamente imaginadas por dos esclavos de la diosa rutina. Todavía no se creían estar solos, como en los recuerdos, tiempos en los que se conocían. Han reconstruido parte de lo devastado, como si en unas ruinas, persistiera un foco de calor, como antaño.
Estaban abandonados a sus cuerpos, en una batalla de escaramuzas; era el tercer día de campaña. Aún no conocian el mundo que existía fuera de esa habitación de hotel desde su llegada. El estado letárgico se mezclaba con los kilómetros de piel que habían recorrido. Solo deseaban dormir, cuando empezaban de nuevo a ascender desde el llano hasta los repechos, una y otra vez, reinventando la ruta. Observando la crecida del río y el encharcamiento que daría vida a esos valles.
Cuando sus hijos les preguntaran. Ellos les hablarían de momentos de paz, descanso y paisajes bellos en tardes con sabor a melaza y aire estanco.



2 comentarios:

  1. ¡Felicidades por el blog y por los cuentos! Disculpa que haya tardado en entrar, uno es así de manta. Un abrazo, y ánimos, me iré "dejando caer" por aquí.

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  2. ¡Hombre, Hank! qué alegría el verte por aquí. No te preocupes, no hay prisa. Gracias por tus ánimos. Espero darte motivos para que visites a menudo. Un abrazo y gracias.

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