domingo, 27 de febrero de 2011

Sueños de cine

La fijación que sentía por la actriz, adquiría tintes obsesivos. La idealizó de tal manera que inconscientemente rechazaba todo lo que no la recordara. La realidad fue subyugada por la interpretación más profesional. Aún a sabiendas de su incapacidad para comprender ese idioma original, se arrastró por todos los cines donde pudo oírla y embelesarse en unos gestos que traspasaban la gran pantalla.
Su madre estaba contenta, su niño por fin se relacionaba. Escuchaba largas conversaciones tras la puerta de su cuarto. Algún día la traería a casa, -le dijo-.
Cuando la productora anunció el estreno de la última película, en su ciudad, sintió sus sueños hechos realidad. Esperó varias horas hasta el final del estreno, frente a la puerta principal, vestido de smoking y con un ramo de rosas. Repasó de mil formas un encuentro que jamás se produjo.
Escudriñó una a una las caras de las divas que fueron saliendo por la puerta, sin el reconocimiento esperado. Abatido, dejo aquellas flores frente a la imagen de su infiel amada.

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