miércoles, 23 de febrero de 2011

Flechazo

La brisa le mecía el cabello, tan libre y graciosamente alborotado, que era imposible no fijarse. Movió su cabeza a ambos lados de la calle, como el faro que ilumina el camino en las noches más sombrías. Su cuerpo, respondía con armonía a la gracia de sus formas. Todo en ella era un imán. Sentí miedo al pensar si algún día, dejara de verla. Nunca sabré, por escrúpulos, si la princesa que vi, hace ya 15 años, hubiera iluminado la tierra que piso, el mar que quiero navegar.



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