lunes, 21 de marzo de 2011

Japón

Todo empieza allí... con un sol omnipresente la tradición rigurosa corteja la actualidad más contemporánea como mixtura divina. Un equilibrio invisible sostiene con paciencia heredada la herida cerrada de un orgullo dormido. Fascinado por movimientos precisos me embeleso en la armonía soñada del Japón.
Su herida se hace mía por dolorosa e injustificada. La naturaleza arrasa allí donde mejor la tratan. Hoy no me levantaré para dejar sordo el dicho que alumbra a aquellos que madrugan, castigados hasta la extenuación por una tierra que se despereza.



4 comentarios:

  1. Sobrecogedor, Veintiuno. Tanta tragedia, como tú dices, que cae sobre aquel que mima la naturaleza. Parece tan injusto... Pero el planeta no pregunta, no enjuicia, simplemente se despereza y nosotros caemos como pequeñas hormiguitas.
    Un saludo.

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  2. Gracias, Sara. Le tengo un profundo respeto al país del sol naciente, el más madrugador. El mismo que nos sorprende por sus jardines con formas exactas, con sus silenciosos movimientos simétricos, por su exquisito arraigo a sus costumbres milenarias y aún así le ha permitido coger de cada cultura aquello nuevo que considera indispensable para afrontar el futuro. Aún así, sufre indiscriminadamente la fuerza descomunal de la naturaleza. Estoy seguro que volverá a levantarse. Un pueblo que hace huelga duplicando el trabajo, no se rendirá jamás.

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  3. Que es una desgracia y que no debería sufrirlo nadie, no se puede negar. Sin embargo tengo un cierto discrepar con el respeto a la naturaleza en un pais donde su mayor parte de energía es nuclear, donde prima el consumismo y el mercado de valores, donde no importan las especies si su comercio es bueno (ballenas, atun rojo, delfines...) Nada es perfecto y sus arraigos a sus orígenes, tradiciones y forma de conservarlas, dignas de elogio. Pero tampoco son tan divinos

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  4. Si, es cierto. Aunque sigo pensando que viven más cara a la naturaleza que nosotros. Especialmente la naturaleza no física, la que envuelve de armonía a una persona. Ningún ser humano es divino para mi entender. Un abrazo, Cormorán y gracias por leerme y comentarme.

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