martes, 1 de marzo de 2011

El roble

En los jardines de la Facultad de Filosofía y Letras, a la sombra de un enorme roble se prometieron amor eterno, entre citas de Nietzsche, Kant, Rousseau y otros pensadores compartidos.
Él tenia la genialidad de lo espontáneo, la fuerza de la improvisación confiada a la inteligencia.
Ella era el esfuerzo, la progresión de la voluntad, el camino hecho posible. Eran complementarios y en ese estado se admiraban mutuamente. Perfectos en el conjunto.
Siempre soñaron con publicar, con ser leídos, difundir sus ideas.
El destino aplicó sus reglas y él está ahora postrado en una cama, estudiado por médicos, con las justas posibilidades que tienen los tumores cerebrales. Su compañía diaria es una gran mujer, la misma de siempre, con su voluntad perenne aguanta el peso de una promesa.
El lunes publica su primer libro, después de recorrer docenas de editoriales lo hará con el nombre de él, su inspiración, su amor. El encantamiento de aquella mañana de marzo persiste como aquél viejo roble, que sigue haciendo sombra a futuras y brillantes parejas.


6 comentarios:

  1. Me ha emocionado mucho; la perennidad de la esperanza contra la enfermedad caduca. Da pie a comentar mucho y a pensar aún más. Habrá una continuación que no final de esta historia?

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  2. Es una idea, lo de la continuación... lo pensaré, (igual si te apetece lo hacemos los dos).
    Si te ha emocionado, ya he conseguido algo. ¿Recuerdas este mr. de Eskup?. Quizás no pude expresarlo en tan poco espacio y ahora esa pareja ha cogido la intensidad de una bonita historia que nace a la sombra de un gran roble.
    Gracias por leerme y visitarme, Vanadis. Un abrazo.

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  3. Si, recuerdo la historia inicial y es verdad que aquí con más espacio se pueden liberar mejor las emociones que describes. En cuanto a la continuación... por mi ya sabes que encantada (con tiempo , eso sí) pero sería un bonito "estreno" para mí en tu blog. Un besín.

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  4. Hay historias de amor que parecen preciosas. En todas ellas surgen ciertos rasgos de amargor que las tratan de truncar. Siguen casi hasta que las perdemos de vista en el horizote (piden continuación) pero hay un algo molesto, un algo que parece forzado por la piedad, la clemencia, que da ese toque amargo, injusto (por la vida, por el destino). Y uno piensa si es justicia el quedar encadenado o es cobardía el seguir otro camino. Al final solo lo sabe uno mismo (con suerte) y cada cual saca sus propias conclusiones (casi siempre erróneas)

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  5. Muy emotivo. Sí que podría seguir la historia con una segunda parte, pero eso ya es cosa del autor. Enhorabuena y un saludo.

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  6. Igual merece la pena, Ángel, eres la segunda opinión al respecto y eso ya merece una atención. Muchas gracias por tu visita y el comentario.
    Saludos.

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