martes, 8 de marzo de 2011

Excesos prescindibles

Prolongué la fiesta innecesariamente. Salí aletargado y me senté en el coche. Ví a personas queridas desgarradas. El murmullo me susurró todo lo que me queda por hacer. Un escalofrío me despertó. Sentado, con el motor en marcha, comprendí lo cerca que estaba de ser simplemente un recuerdo.


4 comentarios:

  1. A veces, darse cuenta a tiempo es como recibir una segunda oportunidad.
    Muy bueno, Veintiuno. Un saludo.

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  2. Asi es, Sara. Y aprender de ello una obligación moral. Gracias por leerme. Un abrazo.

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  3. Pero hay cosas en la vida que si no se pasan por ellas no se aprenden por mucho que te lo cuenten. Otra cosa es poder llegar a contarlo. Y aun así, como se dice, tropezaremos más veces en la misma piedra.

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  4. Sabemos de sus consecuencias y aún así forzamos el error. No contarlo es una tragedia para si mismo y para nuestra familia. La educación en este ámbito es completamente necesaria, no siempre bién explicada.

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