lunes, 1 de agosto de 2011

¡Qué tarde más dulce!

Hola, me llamo Isabel, para ti, Isa. Soy tu compañera y me caes muy bien ¿Querrás merendar conmigo en el descanso de la tarde? He traído pasteles y son artesanos. Sé que te gustan los dulces.

Hoy he vuelto a soñar contigo. Una vez más, vuelvo al pasado. Esa vía del destino, cercenada de raíz, me hace regresar una y otra vez para poder mirarte una vez más; embaucándome con esa belleza que se posa en mi vida devolviéndome la mirada, y donde siento el deseo hasta las mismas entrañas de la pasión.

Los recuerdos están valientes, se atreven a mordisquear el presente para sembrar las dudas. Las etapas clausuradas ambiguamente se revelan una y otra vez.

Tu cara de ángel merodea mis instintos, tentando los mismos límites.  Resuelvo regalándote un traje de saliva, para que nada ni nadie pueda corromper esa imagen que guardo con celo. Porque solo eres eso, un delicioso recuerdo de una tarde realmente especial.



2 comentarios:

  1. Muy sugerente. Somos lo que recordamos, lo que creemos recordar y el remate y balance entre expectativas y realidades, que el paso del tiempo han ido forjando.
    Esa tarde especial sigue viva en tí.
    Un abrazo

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  2. Son parte de nuestra historia personal. Recordar tardes con miradas de azúcar y sabor a pasión es todo un bagaje personal. Especialmente si irrumpen en el inconsciente haciéndose un hueco.

    Saludos, amiga.

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