martes, 28 de junio de 2011

Tal para cual

Y se juntaron por segunda vez. Se perdonaron todo. Creían haber madurado lo suficiente para aceptarse tal y como se habían soñado. Y hubo una tercera, y una cuarta vez... es como si necesitaran de esas pausas, que dicen, inventan los ángeles para aquellos que aún siendo libres, necesitan ser amados, solo una vez más, para que alguien les haga sentir únicos.





6 comentarios:

  1. A veces es necesario perder las cosas para volver a encontrarlas y saborearlas de nuevo con la misma intensidad en que antaño se hicieron, has dado en el quizt de la cuestión

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  2. Me ha gustado, Daniel. Sentirse único sin perder la libertad. Has dado en el clavo.
    Un abrazo.


    Sara Lew

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  3. Así es, la distancia le da a un objetivo toda su amplia visión para contemplar desde la objetividad, el verdadero pulso vital que necesita.
    Gracias por la visita.

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  4. Es lo ideal, Sara. No siempre la convivencia cumple esas premisas, por eso nos vamos para volver llenos de aire.
    Me encata que te haya gustado.

    Un abrazo, guapa.

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  5. Y los miedos, Daniel, los miedos a pasados oscuros de soledad. Y un final cada vez más cercano, y complicaciones y disputas. En fin, que muchas veces, no se si de forma acertada, la resignación es de las peores soluciones la mejor

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  6. Hay parejas que ciertamente no pueden vivir mucho tiempo juntas, pero tampoco separadas... y es ahí dónde he querido alimentar esta historia. Los miedos son como los virus, siempre están, a veces ocultos, otras presentes. Son parte del juego de la vida.

    Un abrazo, Luis.

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