lunes, 18 de abril de 2011

Secretos profesionales

Tumbada de lado, la observé un instante. Sin más dilación, le abrí la boca ampliamente introduciéndole el útil hasta la garganta. Mientras, obviamente ella mantenía los ojos cerrados, eso me tranquilizaba. Como marcando el territorio, realicé movimientos circulares. Sentí el paladar más uno a uno, todos sus dientes. No había duda: era ella.
Nunca pensé que conocería las intimidades de mi deseada vecina en la monotonía de una madrugada, examinando su cadáver ¡Maldita guardia, se va a hacer larga!



2 comentarios:

  1. Inquientante relato con final abierto. Intuyo un cierto enamoramiento de vecindad oculto.
    Un saludo

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  2. No quise excederme, Cormorán. Es correcta tu apreciación: "mi deseada vecina".
    En la vida se producen cambios y registros inesperados que nadie puede predecir, colocando lo imposible a nuestros pies y viceversa.
    Gracias y saludos.

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