jueves, 5 de mayo de 2011

Rutina

Una mañana de Mayo, bajo un brillante sol de primavera, se encontró frente a su sombra, dirección al este. Estaba despierto, con plena seguridad, sabía la hora, el día y dónde se dirigia. Su asombro hizo que se detuviera de forma súbita todo su cuerpo. La sombra, dibujada difusa en la horizontalidad, le dijo: "yo nací contigo, me alumbraron las primeras luces que te reconocieron. Hemos seguido rutas idénticas, he visto todo aquello que tú has querido observar. Pero ya no te conformas con evocar el pasado, caminas hacia él, y ya no te puedo seguir, conozco todos los movimientos a dar. Me consumiría hasta desaparecer, como todo tu entorno. Tú, seguirías viviendo, de espaldas a la realidad, invisible, con la indiferencia más constante, esa que carcome los recuerdos hasta terminar con la conciencia que te hace respirar. Hasta no llegar a ser, ni la sombra del que fuiste".




4 comentarios:

  1. Muy devastador no crees, la rutina tampoco tiene porque ser tan negligente

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  2. Muy fuerte, Daniel. Con ese final "No llegas a ser ni la sombra del que fuiste" deja entrever por qué la sombra se rebela. Me ha gustado esa contundencia.
    Un saludo.

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  3. La rutina es como una enfermedad y si la dejas flirtear con el tiempo, termina por cubrir con un manto gris toda la existencia.
    Saludos, Belén.

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  4. Asi es, Sara. He querido transmitir con firmeza mi desdén por lo preestablecido, quizás me he pasado aunque solo acepto la rutina que es obligada, aquella que no puedes eludir y es un puente hacia una versión original y caminos por descubrir.
    Besos.

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