martes, 16 de octubre de 2012

Otoño retrógrado

El otoño se abre ante mis ojos nuevamente. Su despliegue de colores me sonroja, en su atrevimiento. El camino que transito cambia de color, constantemente. El entorno se adapta al medio mucho más rápido que mi mente es capaz de asimilar la temperatura. El territorio es ajeno a aquellos que lo transitan y yo, uno más de tantos, intenta asimilar el aspecto conforme a los acontecimientos que suceden en la espesura que me toca comprender.
La naturaleza es ajena a aquellos acontecimientos que nos asaltan a los humanos. Sigue su proceso natural. No entiende de nada de lo que a nosotros nos aflige, nos humilla y nos hace pequeños. Su despliegue es un proceso que no podemos frenar, excepto con la aniquilación y la amputación de su avance.
Yo no entiendo mucho del otoño, pero ante mis ojos se presenta más triste y melancólico que nunca lo he vivido. Me creo que es una estación paralela que se desarrolla entre aquello que anhelo y mi hemisferio izquierdo, pero me pilla tan cerca que está haciendo estragos en mi pequeño mundo.
Si tú no lo ves, o una de dos, o no estás vivo/a o no perteneces a mi mundo. Cosa que comprendo mucho mejor que nunca. Yo también quiero huir ¿Hacia donde debo ir?





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