domingo, 15 de enero de 2012

Desinhibirse

Las carcajadas inundaban todo el local, incluso traspasaban los muros de piedra. Dentro, un grupo cualquiera, se abandonaba al calor del vino, amenizado por el anfitrión, -que apenas lo probaba- Conforme se vaciaban las botellas, el ambiente se saturaba de risas... y secretos.

... que se deslizaban desde los labios. Cadenas de palabras aterciopeladas que llegaban, quedas pero intensas a sus oídos. Dulces momentos de intimidades compartidas, desinhibidos, todo parece posible. La luna está llena...

... tan intensa que contagia su candor. Él está presto, sereno. En medio de tal despliegue de despropósitos, ha urdido en los subconscientes, sabedor de su fragilidad momentánea. No es jugar limpio, pero es jugar. Mira una a una a sus víctimas y sonríe, sin estridencias, satisfecho...

Le devuelve la mirada pero no la sonrisa. Llama a un taxi y mientras espera, se acerca al anfitrión. Susurra en su oído: "La próxima cena, en mi casa. No faltes. Te supongo el valor, como a todos. Yo también sé jugar."

Abriendo la puerta del coche, no puede evitar repasarla de arriba a abajo, especialmente la interminable abertura de su vestido, mientras divaga en los juegos posibles, despidiéndose entre preocupado y aturdido. Mete las manos en sus bolsillos, encontrando unas braguitas extraviadas...

(Jajajaja..., si no había bebido, el anfitrión) Perplejo, las vuelve a introducir en su bolsillo. No puede evitar apreciar su tacto sedoso. Suena su móvil. Su mujer le busca. Los invitados preguntan por él. Mientras los atiende, no es capaz de sacar su mano del bolsillo. 

Inequívocamente la fiesta se acabó con ella. Su rostro conmocionado por el contratiempo, se reestructura para hacer frente al resto de la velada. El móvil sigue en el bolsillo, sonando... necesita tiempo para saber que contestar. Ya en la puerta, lo coge y al tiempo caen las...


... artimañas, mezcladas con la confusión que propagan las mentiras ¡Hola, cariño; perdona hay tanto ruido de fondo que no escuché la llamada! Estoy terminando, en breve estoy contigo.
-Sin colgar, coge la prenda, todavía caliente, la arrulla y, pegándola a su nariz, respira hondo-

Al colgar, sonríe. Está satisfecha con el efecto producido en su anfitrión. Era deseo lo que se fundía con su voz y pasión con premura lo que comunicaba en tono cálido. Nunca hubiera sospechado tanta emoción en un hombre con apariencia de arcón congelador...  (*)








(*) Texto escrito conjuntamente con "Damadeltablero" (en cursiva). Publicado en eskup, noviembre 2010

4 comentarios:

  1. Muy bueno este encadenado Veiuntiuno. Abrazo

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  2. Gracias, Francisco. Es fácil dejarse llevar por esta gran "jugadora de palabras" que es, Damadeltablero.

    Saludos.

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  3. :)) ¡Qué tiempos aquellos!
    Un abrazo 21

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  4. Si, el tiempo les da la dimensión real de los momentos geniales.

    Un abrazo.

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