domingo, 29 de enero de 2012

Animalitos domésticos

Ya no recuerdo cual fue el primero. Llegaron sin avisar, apenas haciendo ruido. En estos días frenéticos me rodean en bandadas. Ya no sé como atenderles. Antes de acostarme les proveo de su alimento, aquél que los silencia y a mi me facilita esa función indispensable que es la comunicación.
Su presencia intimida mi libertad, especialmente cuando me miran a los ojos. A veces les amenazo con abandonarlas impidiendo su fuente de alimentación, pero ellas me castigan duramente pidiendo doble ración, comiendo entre horas.
Hemos hecho un pacto: Ellas respetarán mi intimidad, mis horas libres, y yo no dejaré que se apaguen. Con un estricto horario las máquinas tendrán su presencia existencial y yo soñaré con que jamás hubiesen existido.



6 comentarios:

  1. Sí, me uno a ti en esta lucha contra su tiranía. Un abrazo, 21.

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    1. Obviamente, con la vida que hemos elegido, son necesarias, pero... no se les puede dar más importancia que la que realmente tienen.

      Gracias por la visita, Isabel.

      Un beso.

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  2. Me encanta el título que has encontrado, amigo Veintiuno, para esta relación hombre-máquina que se ha instalado con tanta fuerza en nuestra vida. Un abrazo.

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    1. Como siempre los relatos me asaltan en el discurrir cotidiano. Fue una protesta en un día que me pasé enchufando y desenchufando hasta que me acosté y terminó una dependencia no elegida. (Cepillo de dientes, maquinilla de afeitar, móvil, ordenador, portátil, teléfono inalámbrico, cámara de fotos, tablet, navegador, ect, ect...)

      Un saludo y gracias por la visita.

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  3. Solo tengo esta mascota que hace que disfrute de ti y otros amigos. Me llaman loco por carecer de teléfono, móvil y otras mascotas, pero cada vez estoy más convencido de que el cuerdo soy yo.
    Un abrazo mascota.

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