miércoles, 6 de agosto de 2014

El primer fin de semana de agosto

Una vez mas, se presentó puntual a su cita anual. Cada año superaba un poquito más las expectativas. Llevaba el peso de su carisma, de todos los estratos que una memoria puede acumular sin desplazar tierra firme.
Su nombre está grabado a fuego en la piel de todas las quimeras. Desde esa tarde de enero, que empezamos a fabricar las esperanzas más utópicas. Agosto, es el fuego purificador al que nos entregamos todos los años, intentando sobrevivirnos.
El problema, empieza exactamente cuando toda esa amalgama de conceptos, los guisamos en riguroso directo. Nunca nada sale igual que como lo habíamos imaginado.
De hecho, aquí estoy, rellenando los papeles de la separación. No podía haber elegido otra fecha. Ella también planificó sus vacaciones y, por supuesto, yo no estaba incluido.
Ni en mis peores pesadillas hubo existido una canícula tan rigurosa.
No sé dónde estará ese hilo que solté cuando encontré a esta persona, que ahora está de espaldas y, que realmente, nunca supe quién es.
La soledad era esto. Estar rodeado de gente, en vacaciones, y no saber quién eres, dónde estás...






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